02 21 19 CIENCIA y TECNOLOGIA cascaras-almendras_thumb_650

Almendras para coches eléctricos

El cambio climático es una realidad y sus consecuencias, cada vez más evidentes. Los gobiernos de los principales países están tomando medidas para abordar el problema. Uno de los aspectos derivados de este fenómeno más controvertidos es la posible prohibición de los vehículos que funcionan con combustibles fósiles. El pasado noviembre, el Gobierno español proponía que los coches y vehículos comerciales de gasolina, diésel, híbridos y gas natural no se puedan vender en España a partir de 2040, una iniciativa que ya se han planteado países como Reino Unido y Francia.
Este anuncio del ejecutivo viene reflejado en la futura Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica, que contribuirá a que España pueda cumplir con sus compromisos internacionales contra el calentamiento global. Si esta medida se pone definitivamente en práctica, todos los ciudadanos deberán ir cambiando sus vehículos hacia modelos 100% eléctricos, con el objetivo de que en 2050 no circule ningún automóvil por España que emita CO2. Sin embargo, todavía existen muchas reticencias a este tipo de coches, sobretodo en cuanto a su autonomía (los kilómetros que se pueden recorrer con una carga), al tiempo de recarga de la batería y, por supuesto, al coste de estos vehículos.
En este contexto, un equipo de investigación del Instituto Universitario en Química Fina y Nanoquímica de la Universidad de Córdoba (IUNAN) intenta abordar este reto desde hace unos años desarrollando baterías basadas en los elementos litio y azufre. En concreto, buscan materiales para baterías cuyo uso no perjudique el medio ambiente y con alto rendimiento para acumular energía. Uno de estos materiales prometedores puede estar en la cáscara de las almendras.

Almudena Benítez y Marcos González, integrantes del equipo, han demostrado que estas cáscaras pueden ser transformadas en un tipo de carbón activo de importancia vital para estas baterías. En un trabajo publicado recientemente en la revista Materials, el equipo coordinado por los profesores Julián Morales y Álvaro Caballero muestra cómo se puede convertir la cáscara de este fruto seco en un carbón activo microporoso y el excelente rendimiento que tiene en las baterías basadas en azufre. Lo han conseguido utilizando un proceso rápido de activación y pirolisis.

Los responsables de este estudio han probado la nueva batería en cargas rápidas, aspecto especialmente demandado para el coche eléctrico. Las pruebas en recargas de una hora han sido un éxito y prevén la viabilidad de estas baterías para recargas todavía más rápidas, tal como se requiere en el sector.

Baterías más sostenibles

El uso de este tipo de residuos procedentes de biomasa puede ayudar a diseñar baterías más sostenibles con el medio ambiente, sin perder propiedades en su rendimiento y eliminando la necesidad de usar compuestos procedentes de petróleo o de elementos caros y poco abundantes.
Estas baterías con cáscaras podrían aumentar un 60 % la autonomía de un vehículo eléctrico estándar
Según indica la investigadora principal del estudio Almudena Benítez, “estamos valorizando un residuo que se genera de manera muy abundante en España y especialmente en la provincia de Córdoba, dándole un valor añadido hacia una explotación en sectores de alta tecnología”.

Los primeros resultados de simulación de estas baterías preparadas con carbones derivados de cáscaras de almendra señalan “que podrían aumentar un 60 % la autonomía de un vehículo eléctrico estándar, donde se utilizan las baterías convencionales de litio”.

Paralelamente, este equipo investigador se centra también en otros problemas de las baterías de los coches eléctricos, como es la seguridad. Para resolver este serio inconveniente proponen el uso de materiales como el grafeno tridimensional y electrolitos no inflamables, un reto que abordan actualmente.

01 24 19 CIENCIA y TECNOLOGIA el primer taxi volador

El primer taxi volador

El primer taxi volador llegaría en menos de 5 años

Por años, Bell ha sido sinónimo de aeronaves, en especial helicópteros. El famoso UH-1 Huey de la guerra de Vietnam; el primer Marine One, usado por Dwight D. Eisenhower, los Cobra de la guerra del Golfo y hasta el memorable Lobo del Aire fueron aparatos de la firma de Fort Worth, Texas.
Ahora, así como escribió el pasado, Bell quiere subirse al futuro del transporte aéreo, y para eso tiene una visión ambiciosa que comienza con usted y su celular.​
El CES de Las Vegas, que concluyó la semana pasada, fue el espacio escogido por la empresa para presentar el Nexus, que parece una mezcla de un DJI Phantom con los transbordadores de V, la batalla final. En él está plasmada una experiencia acumulada de décadas en el campo del vuelo sin alas.
En rigor, el Nexus es un hexacóptero capaz de despegar y aterrizar de forma vertical. Ya en vuelo, los rotores giran para darle impulso. A bordo, el Nexus lleva un piloto y cuatro pasajeros. Pero no sueñe con un mundo de propietarios volando al trabajo y al colegio como en Los Supersónicos. Lo más probable es que este vehículo y sus similares funcionen en la plataforma de ride-sharing de Uber.
Pero ni siquiera una empresa de la trayectoria de Bell puede hacer esta clase de desarrollos por sí sola. Una vez construido, el Nexus debe poder integrarse a un sistema de navegación aérea sobre zonas densamente pobladas.
A la par con los aparatos, debe surgir una regulación que los haga seguros, y por eso, en este prototipo está el trabajo de firmas de aviación, ingeniería e informática como Safran (que desarrolló Safran, el sistema de propulsión híbrido), EPS (que se encargó de las baterías), Thales (hardware y software) y Moog (sistema de control de vuelo).
Otra participación destacada fue la de Garmin, que trabajó en la integración de la aviónica y la computación a bordo.
El prototipo que llegó a Las Vegas funciona (es decir, sus motores encienden), pero no podría volar. La propulsión eléctrica para vuelos de una duración útil depende de que se consigan baterías suficientemente livianas, lo cual tomará, dicen expertos, un par de años.
La meta de Bell es que la nave, que pesa casi 3 toneladas, pueda volar cerca de 250 kilómetros en una hora. Si se cumplen los plazos estimados, las pruebas comenzarían en 2023.

La era del ‘skyport’
Para usar esta clase de vehículo en las ciudades modernas será necesario construir docenas de skyports, que no son otra cosa que aeropuertos especializados en naves eléctricas de despegue vertical.
Uber dice que podría construirlos encima de los parqueaderos actuales y usaría tecnología de punta en automatización para coordinar unos cien aterrizajes por hora. En el futuro, los skyports serían verdaderos edificios, capaces de cargar una nave en cuatro minutos y medio y manejar hasta mil aterrizajes por hora.
Para ayudar a crear nuevos sistemas de rotor más silenciosos y de mayor rendimiento que se utilizarán en el modelo de referencia común, Uber y el Comando de Investigación, Desarrollo e Ingeniería del Ejército de Estados Unidos, Army Research Lab, han firmado un Acuerdo de investigación y desarrollo cooperativo (Crada) y una Declaración de trabajo Conjunto (JWS).
Este acuerdo incluye el financiamiento conjunto y el desarrollo de investigación para crear la primera hélice de co-rrotación apilada para su uso, un nuevo concepto con dos rotores colocados uno encima del otro que giran en la misma dirección y son significativamente más silenciosos para una aeronave.
Además de su taxi volador, Bell presentó el Autonomous Pod Transport (APT), una línea de drones de carga que sería empleada en misiones médicas, logísticas o de asistencia a fuerzas de seguridad. Se contempla que puedan, por ejemplo, llevar suministros a plataformas petroleras o entregar paquetes por demanda en el mercado corporativo.